Álvaro Orellana: Viviendo del arte en la USAC
- Éxodo Digital

- 26 oct 2025
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Por Orlando Vásquez Entre pasillos del campus central de la Universidad de San Carlos de Guatemala, es común encontrar movimiento, risas y conversaciones entre estudiantes. Pero también hay personas que, sin ser parte del cuerpo docente o administrativo, forman una pieza esencial del día a día universitario. Una de ellas es Álvaro Orellana, un artesano que se encuentra a un costado del edificio Bienestar Estudiantil que desde hace más de 15 años da vida al arte dentro de la USAC.

Orellana inició su camino aprendiendo a hacer pulseras. Con el paso del tiempo, fue perfeccionando su técnica y explorando nuevos materiales, como el alambre de alpaca. “Empecé aprendiendo a hacer pulseras, después a trabajar el alambre de alpaca. Uno va renovando todo el tiempo, ese es el trabajo que hago. Todo está hecho a mano, todo es artesanal”, comenta con orgullo mientras acomoda sus piezas sobre una tela que parece un pequeño museo de colores y texturas.
Su historia dentro de la universidad comenzó hace años, cuando se fundó un espacio destinado a la venta de artesanías en el campus. Desde entonces, su puesto se convirtió no solo en su fuente de ingresos, sino también en un punto de encuentro con generaciones de estudiantes que aprecian su trabajo. “Así empecé haciendo artesanías, eso es lo que yo quería”. Sin embargo, mantenerse dentro del campus no ha sido tarea sencilla. “Aquí estamos sujetos a muchas reglas”, explica. “Lo más difícil es poder sacar para pagar la renta del espacio. A veces hay días buenos y otros en los que cuesta mucho. Yo no solo hago esto, hago otro tipo de trabajos, y de ahí voy sacando para poder mantenerme.”
A pesar de los obstáculos, su constancia lo ha mantenido de pie. El arte, más que un sustento, se ha convertido en su manera de resistir y expresar lo que ama.

Para Orellana, lo más bonito de su trabajo no está solo en las piezas que crea, sino en las personas con las que comparte cada día. “Lo más bonito es convivir con los jóvenes, con los que aprecian el arte que uno hace. Eso es para mí lo más bonito y hacer amigos.” Ha logrado construir una comunidad que valora su talento y lo considera parte del espíritu del campus.
Pero el paso de los años también ha traído cambios que, según él, no siempre han sido positivos. “Antes habían personas que apreciaban más el arte, pero ahora algunos ya no lo ven igual. Hay quienes piensan mal de uno. Sí ha habido cambios negativos ya que los nuevos dicen que unos es vicioso.” Aun así, su visión se mantiene firme: seguir creando y compartir su pasión con quienes aún se detienen a mirar.
Cuando se le pregunta qué significa la USAC para él, no duda en responder: “La USAC es una casa de estudios. Es importante para los estudiantes que sigan estudiando. Ese es el gran valor de la carrera.” Y antes de despedirse, deja un mensaje a los jóvenes que pasan frente a su puesto: “Si les gusta el arte, que vengan a ver las artesanías. Que sigan adelante y estudien una carrera que realmente les guste que no solo vayan a estudiar por estudiar.”
Entre hilos, metales y paciencia, Álvaro Orellana teje más que accesorios. Teje una lección silenciosa que acompaña a quienes lo escuchan: la de creer en lo que uno hace, trabajar con pasión y nunca dejar de aprender, incluso fuera del aula.



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