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EL RENACER DE LA RADIONOVELA EN LA ERA DIGITAL

  • Foto del escritor: Éxodo Digital
    Éxodo Digital
  • 23 ene
  • 4 min de lectura

Por María Caal


En los pasillos de la TGW, La voz de Guatemala, el tiempo parece detenerse, mientras se oyen los ecos de la ‘‘Época de Oro’’, de los años 40 y 50 aún resuenan en la emblemática ‘Cabina de Cristal’. 


La radio no es solo un medio de comunicación, son herramientas culturales y educativas que conectan a las personas con el pasado, presente y la imaginación colectiva, una nueva generación de artistas de la voz que redefine el género para un público que ya no solo escucha sino, que también observa a través de pantallas.


La radionovela suele ocuparse como sinónimo de radioteatro, pero la diferencia radica en que la radionovela es una dramatización radial entregada por capítulos a diferencia del radioteatro que representa una obra teatral completa.


La radionovela en Guatemala inició en 1948 por iniciativa de la actriz Olga Mendoza, quién tomó novelas de José Milla Vidaurre, como ‘Historia de un Pepe’ para producirlas en este formato.


La primera radionovela escrita exclusivamente para radio fue ‘El misterio de la cumbre’ y posteriormente se escribieron y transmitieron noveles como ‘El testamento del compadre’ y el famoso ‘Un loteriazo en plena crisis’.


La demanda exigía hasta cuatro radionovelas distintas al día, el impacto de las radionovelas se debió a que en ese entonces no existía la televisión y las historias eran la sensación del momento.


También uno de los pilares más nobles de la TGW sigue siendo el ‘Radioteatro infantil’, fundado originalmente por Marta Bolaños de Prado en 1946. Actualmente, niños desde los 7 años aprenden no solo a actuar, sino a leer con fluidez, a perder la timidez y fomentar su creatividad.


Este género episódico provocó mayor complacencia en la sociedad guatemalteca de las décadas de 1950 y 1960. Una de las personas que ayudó en ese sentido fue María Luís Aragón, quien en esa forma se inició trabajando para la radio, seguida por Ana María Bocalletti, Jorge Prados Bolaños y otros.


Para cualquier locutor o comunicador, la voz es su principal instrumento. Más allá de tener buena dicción de forma espontánea, es necesario educarla y dominar técnicas específicas de respiración, articulación y proyección para transmitir confianza y autoridad.


Para Silvia Pérez Telón, locutora y docente, la radio es un aula sin paredes. Con una trayectoria que abarca desde la docencia universitaria hasta la interpretación de personajes icónicos, Silvia personifica la dualidad del comunicador moderno en la radio nacional.


‘‘Como docente tengo el compromiso y la responsabilidad de facilitar información adecuada, y en cabina, mi conciencia plena es que soy locutora, y hay una audiencia que me escucha’’, afirma con la seguridad de quién sabe que su voz es una herramienta de cambio.


La entrevistada explica que dominar estas herramientas no solo mejora la técnica, sino que también construye identidad propia, algo indispensable para que la audiencia reconozca y prefiera un estilo particular sobre otro. En palabras simples: tu voz es tu firma como comunicador.


Guatemala es un país de raíces profundas y tradición oral. Sin embargo, la falta de preservación histórica ha dejado vacíos en el archivo sonoro de la nación. ‘‘No tuvimos ese cuidado a nivel nacional de saber cómo sonaban y mantener cuidados esos audios de los años 50’’, lamenta Silvia.


Enfatiza que rescatar la tradición de la radionovela y el radioteatro no es un simple ejercicio nostálgico, sino una forma de preservar la memoria cultural y transmitir valores a través de las narraciones.


Hoy la TGW lucha por revertir esa tendencia. Bajo la dirección de figuras como el licenciado Rafael Echeverría, la academia produce contenidos que mezclan la historia con el drama, como la radionovela sobre Justo Rufino Barrios, la cual utiliza un romance ficticio como gancho para enseñar hechos verídicos.


Así mismo se ha adaptado a nuevas tecnologías, razón por la que ahora, pueden escuchadas a través de plataformas digitales y claramente de la manera convencional, mediante la radio en varias transmisiones.


Para Silvia, este salto digital no disminuye la magia, sino que la expande: ‘‘Ya no solo somos voz, también somos imagen, pero sin perder la parte de educar’’.


Este espacio asegura que la ‘casa del artista nacional’ continúe formando voces auténticas que, como dice Silvia, aprenden de los grandes maestros sin imitarlos, creando su propia personalidad.


Una de las ideas que más resaltan es que el locutor no solo es un narrador, sino también un mediador entre el contenido y el oyente. En la radio, donde el mensaje es efímero y sólo audible, construir significado depende tanto del contenido como de la forma en la que se transmite.


Esta responsabilidad lleva a replantear el rol del locutor, no solo como presentador de noticias o entretenimiento, sino como formador de opinión, revelador de historias y puente cultural entre épocas.


La voz en radio es mucho más que sonido: es técnica, emoción, identidad y cultura. Desde la formación técnica hasta la producción creativa, pasando por la historia de los formatos radiales, este reportaje muestra que la radio sigue conectando personas a través de palabras y sonidos bien modulados.



 
 
 

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